Vol 2. Núm. 4 - Revisión
Analgesia hipnótica en el dolor crónico
B. Domínguez
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ABSTRACT
Currently chronic pain at several countries including the industrial world as well as underdevelopment countries is an important public health problem. At a personal level, life quality and physical condition become worst, the capacity to perform everyday activities decreases and work competence can be lost as consequence of the CP. CP has neurophysiology and psychological components; these are influenced for external circumstances or the social milieu. At this paper a brief overview of hypnotic analgesia and biofeedback as an auxiliary application for psychological intervention of CP patient is pinpointed. Finally, the need of psychological experts in pain treatment and the insertion of these in the professional interdisciplinary groups are emphasized.
Key words: Chronic pain. Biofeedback. Hypnosis. Hypnotic analgesic.
RESUMEN
El dolor crónico (DC) es un problema de salud pública, tanto del mundo industrializado como en los países en desarrollo. A nivel personal, el DC produce deterioro de la calidad de vida, desacondicionamiento físico, disminuye la capacidad para desarrollar las actividades cotidianas, además de producir pérdida de la competencia laboral. El DC tiene una vertiente neurofisiológica y una psicológica, influidas por circunstancias externas o del entorno social. En este artículo se presenta una breve reseña de la utilización de la analgesia hipnótica y de la retroalimentación biológica como auxiliares en el tratamiento psicológico del paciente con DC. Luego se enfatiza la necesidad de formar expertos especializados en el tratamiento del dolor y la inserción de estos en grupos interdisciplinarios de profesionales de la salud dedicados al tratamiento del paciente con dolor.
Palabras clave: Dolor crónico. Retroalimentación biológica. Hipnosis. Analgesia hipnótica.
Introducción
La humanidad y el dolor han convivido siempre. El ser humano ha tenido que sufrir dolor con sus consecuencias, miseria y desesperación. Por ello entender el origen del dolor y buscar la forma de aliviarlo ha sido una tarea que ha acompañado a los seres humanos a lo largo de la historia.
Cuando son canalizados al servicio psicológico algunos pacientes con dolor se preguntan: “¿Por qué me están mandando con el psicólogo?” “¿Acaso el médico piensa que estoy mintiendo, que mi dolor no es real, que solamente esta en mi cabeza?” Esta es una de las preguntas más frecuentes que hacen los pacientes que son enviados a los servicios psicológicos o de medicina conductual encargados del manejo del dolor. Este cuestionamiento destaca la distinción que muchas veces hacen los médicos y los pacientes, sugiriendo que el dolor solo existe cuando hay daño en un tejido.
1. ¿Qué es el dolor crónico?
El dolor puede definirse como una experiencia emocional y sensorial desagradable, que puede estar o no asociado con una lesión tisular real o potencial. Por lo tanto presenta dos componentes principales: el componente motivacional-afectivo (emocional) y el componente sensorial-discriminativo, este último ha sido competencia de los médicos y el primero deberían atenderlo expertos en psicología.
La Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP) propone dos grandes grupos:
- Dolor agudo: es aquel causado por estímulos nocivos desencadenado por heridas o enfermedades de la piel, estructuras somáticas profundas o vísceras y
- Dolor crónico (DC): es aquel que persiste mas allá del curso habitual de una enfermedad aguda o del tiempo razonable para que sane una herida, o aquel asociado a un proceso patológico crónico que causa dolor continuo o recurrente (1).
El sufrimiento constituye la respuesta cognoscitiva-fisiológica del individuo a la entrada, anticipación o evocación del estímulo nociceptivo al cerebro y puede ser muy diferente a los parámetros físicos de intensidad y duración de los estímulos. La experiencia dolorosa o el sufrimiento pueden modularse por diferentes factores moleculares, pero tambien por factores emocionales y cognitivos, incluyendo la ansiedad, la anticipación, las experiencias pasadas y las influencias socioculturales.
¿Cómo se produce la cronificación del dolor?
Este proceso aun se esta estudiando, pero se destacan al menos cuatro elementos, que se aprecian en la tabla 1.

En los pacientes se deben valorar simultáneamente factores físicos, psicológicos y ambientales. El objetivo de la valoración del dolor es determinar en que medida los factores afectivos, cognitivos y conductuales contribuyen a la percepción del dolor. Si no se identifican y tratan los factores psicológicos, es probable que se produzca un efecto adverso en la respuesta del paciente al tratamiento. La experiencia clínica y ahora la evidencia científica sugieren que los pacientes pueden aprender a usar técnicas psicológicas para modificar la experiencia del dolor, es decir su percepción (3).
Una alternativa para el manejo clínico del dolor, es considerar si el tratamiento será enfocado a la causa del dolor (la estimulación nociceptiva) o se encaminará al manejo psicológico del dolor para evaluar la percepción. El tratamiento con hipnosis y la retroalimentación biológica (RAB) puede responder a estos aspectos del manejo del dolor.
2. Analgesia hipnótica
Antecedentes. Desde 1700, el Dr. Antón Mesmer y otros médicos reportaron el uso del “magnetismo animal” para el alivio del dolor, sin embargo, la era de la hipnoanestesía propiamente dicha comenzó en 1821. Cloquet realizó la amputación de un seno utilizando “mesmerismo“ en una demostración ante la Academia Francesa de Medicina en 1829, pero fue el cirujano escocés James Esdaile quien se hizo famoso por el uso de la hipnosis como anestesia quirúrgica, este médico reportó cientos de cirugías sin dolor ejecutadas con mesmerismo entre 1840 y 1850. En el prefacio de su libro “Mesmerismo en la India” de 1847, Eslaide escribía (4): “las operaciones quirúrgicas sin dolor y otras ventajas médicas fueron el nacimiento glorioso natural que el mesmerismo suministraba a sus pacientes en Bengala”. Su trabajo se traslapó históricamente con el desarrollo de la anestesia química; con el primer uso del óxido nítrico en 1844, del éter en 1846 y del cloroformo en 1847. Ya para 1860 la anestesia química había desplazado el uso de la hipnoanestesia, aunque se han continuado publicando ejemplos dramáticos de su utilización hasta la actualidad.
Tomando en consideración las aplicaciones y la utilidad práctica de la analgesia hipnótica en situaciones clínicas, quizá una evidencia destacada en relación con este tópico proviene de estudios en los que se ha utilizado la asignación de los pacientes al azar (5). Por ejemplo la revista Lancet (6), publicó un estudio en el que todos los pacientes recibieron sedación conciente controlada por ellos mismos, un tercio de ellos recibió hipnosis y otra proporción igual recibió únicamente atención estructurada como maniobra, se encontró que sumar la hipnosis contribuyó a un alivio mucho mayor del dolor que cuando se utilizó únicamente la sedación, la manipulación atentual se ubicó entre las dos. Además, en estos pacientes el nivel de ansiedad también fue mucho más bajo con la hipnosis. Ambos grupos recibieron tratamiento psicológico complementario y tuvieron menos medicación que la que recibió el grupo estándar, finalmente, hubo mucho menos efectos adversos como: saturación del oxigeno e inestabilidad hemodinámica, sangrado en los lugares donde se hizo la punción, sobresedación y vómito que distrajera al equipo quirúrgico. Quizá por estas razones los procedimientos quirúrgicos tomaron significativamente menos tiempo en el grupo con hipnosis que en el grupo con cuidados estándar con un promedio de diferencia de 15 minutos. Desafortunadamente, Lang y sus colaboradores no evaluaron el grado de susceptibilidad hipnótica en este grupo de pacientes, pero puede especularse que aquellos que se beneficiaron, pertenecían al grupo de susceptibilidad hipnótica elevada.
En el año 2000, el International Journal of Clinical and Experimental Hipnosis publicó un número especial titulado “El estatus de la hipnosis como una intervención clínica validada empíricamente”, en este número el Dr. Mongomery y colaboradores (7) presentaron un análisis de 18 estudios de analgesia inducida hipnóticamente con una mejoría del 75% en el alivio del dolor en todos los pacientes que la recibieron. Estos autores concluyeron que basados en estos criterios la analgesia inducida hipnóticamente tendría que ser considerada una alternativa de “tratamiento muy bien fundamentada”.
Uno de los resultados mas frecuentes en las investigaciones contemporáneas de analgesia hipnótica y placebo, es el descubrimiento de causas múltiples que se combinan con la incertidumbre sobre su naturaleza. Sharav y Tal (8) demostraron recientemente que las “sugestiones hipnóticas focalizadas” reducen no sólo el dolor inducido experimentalmente en sitios corporales específicos (incluidos en las sugestiones hipnóticas) a los que se ha denominado efecto local; sino tambien en sitios remotos, sobretodo en personas que han calificado con puntajes elevados en las escalas de susceptibilidad hipnótica. Estos investigadores han considerado la posibilidad de que se trate de un efecto placebo que esta “empotrado” en todas las intervenciones analgésicas activas, incluyendo igualmente los tratamientos farmacológicos y psicológicos. Después de todo, a menos que el terapeuta recurra a un procedimiento o una infusión “encubierta”, los sujetos/pacientes siempre saben que se está haciendo algo para producir alivio del dolor. Esta percepción es un requisito necesario para la respuesta analgésica del placebo. En la actualidad contamos con evidencia sólida de que el alivio esperado del dolor es uno de los mediadores psicológicos más destacados de la analgesia con placebo (9,10). Este tipo de expectativas contribuyen a la reducción del dolor y de la actividad cerebral asociada con el mismo (11).
¿Cómo funciona la hipnosis?
Desde una perspectiva clínica, el uso de la hipnosis para alterar la percepción del dolor, en una variedad de modalidades, es efectiva no solamente para las sensaciones del dolor, sino también para los factores cognoscitivos y emocionales que incluyen la atención, la actitud, el afecto, la atribución y la activación. Aunque hay cientos de sugestiones creativas y metáforas para el control del dolor Hilgard en 1994 (12), propuso 3 clases generales de enfoques para el manejo del dolor:
a) sugestiones directas de reducción del dolor,
b) alteración de la experiencia del dolor y
c) redirección de la atención.
Las sugestiones directas de la reducción del dolor coinciden con los enfoques autoritarios tradicionales en la hipnosis, estos pueden incluir sugestiones de que una parte del cuerpo se está adormeciendo como si “le inyectaran un agente anestésico” o una instrucción mucho más directa: “usted no siente dolor”. Aunque la analgesia hipnótica ha mostrado tener efectos importantes y dramáticos, ha sido sólo hasta fechas recientes con la utilización de la electroencefalografía y de la tomografía por emisión de positrones (PET) que se ha comenzado a comprender cómo funciona íntimamente este procedimiento. Parte de la respuesta parece radicar en los cambios observados en el cerebro, Rainville (13), ha sido el pionero en utilizar la PET para demostrar cambios en la corteza somatosensorial durante la hipnosis. Estos hallazgos y otros fundamentaron que el psiquiatra Peter Bloom (2004), declarara en su conferencia en el XVI Congreso Internacional de Hipnosis e Hipnoterapia “ahora ya tenemos las pruebas: las palabras pueden cambiar la fisiología”.
Se puede alterar la percepción del dolor con sugestiones directas e indirectas relacionadas a los atributos del dolor. A los pacientes se les puede solicitar que se enfoquen en su dolor y le den una forma, tamaño, color, textura incluso que le pongan nombre. Posteriormente se les puede dar sugestiones para alterar estas cualidades dejando que el dolor crezca, se encoja, se desvanezca, se mueva o desaparezca. Otra técnica común para el D C intratable, como en el cáncer, es sugerir la distorsión del tiempo. Horas muy largas entre dosis de medicamentos para el dolor; pueden percibirse “como si hubiera pasado un momento muy breve” y por el contrario también se puede ofrecer sugestiones para transformar períodos muy breves en la percepción de que “ha tenido un largo y reconfortante sueño”. La alteración de la experiencia del dolor puede incluir cambios en el afecto o en el estado emocional e incluso más recientemente se ha reportado la “implantación de recuerdos” de períodos de alivio que algunos pacientes con DC no han tenido en meses, bajo estas circunstancias también puede ocurrir que algunos pacientes protesten diciendo: “si me quita mi dolor, ya no podré estar deprimido”, lo contrario podría ser de utilidad, es decir, que la depresión disminuya puede ayudar al alivio del dolor.
La distracción del dolor es casi automática en los casos de dolor agudo reducido. Se frota un área o se orienta la atención hacia algo muy interesante. En el caso del DC la distracción requiere siempre mucho más esfuerzo, pero los procedimientos de analgesia hipnótica suministran a muchos pacientes la posibilidad de una vía para experimentar: atención enfocada y sostenida con la que pueden redirigir su atención hacia pensamientos o recuerdos más agradables que el dolor (14). Spinoza propuso que el poder del afecto es tal que la única esperanza de superar un afecto perjudicial (una pasión irracional) es solamente a través de un afecto positivo más fuerte, un afecto desencadenado por la razón: “No se puede refrenar o neutralizar un afecto excepto por otro contrario que sea más fuerte que el afecto que se quiere refrenar”, (15).
A pesar de todas estas ventajas, la hipnosis también tiene algunas limitantes. Primero que nada, algunos pacientes rechazan intentar cualquier procedimiento hipnótico, esto está relacionado muchas veces con creencias erróneas y distorsionadas acerca de la hipnosis alimentadas por películas, la televisión y algunas demostraciones de hipnosis de espectáculo que son cada vez más frecuentes. El problema básico, sin embargo, es el hecho de que algunos pacientes con DC simplemente no poseen las habilidades suficientes; es decir, el nivel de susceptibilidad hipnótica para beneficiarse de este tipo de procedimientos. La habilidad hipnótica en este sentido es parecida a las habilidades musicales o artísticas, que también siguen una curva de distribución normal en todas las poblaciones. En resumen, se necesita talento y motivación para beneficiarse de la hipnosis y muchos de nuestros pacientes no tienen ninguno de estos dos ingredientes.
3. ¿Qué es la retroalimentación biológica (RAB)?
Haciendo un poco de historia el término “retroalimentación” (feedback) fue inicialmente propuesto en 1961, para referirse al control de un sistema mediante la reinserción al mismo de los resultados de la ejecución previa. Este concepto se extendió a los organismos vivos con el nombre de “retroalimentación biológica” donde el sistema esta constituido por respuestas fisiológicas y la retroalimentación por la información suministrada a las personas acerca de la magnitud de éstas mediante instrumentos (principalmente electrónicos) especiales construidos por el hombre. Esta información que se proporciona al paciente es de fácil comprensión y se muestra con números, colores, sonidos o imágenes, de manera que es posible conocer el grado exacto de la actividad fisiológica seleccionada (16).
Basmajian (17) es un pionero reconocido en el campo de la psicofisiología clínica conocida como RAB. Este autor reunió suficiente evidencia científica que demostró incuestionablemente que las personas podían controlar voluntariamente aspectos de la actividad del sistema nervioso autónomo y somático, lo que alentó una serie de aplicaciones en el tratamiento de síndromes de DC, entre otros problemas de salud. Las formulaciones iniciales postulaban que parámetros fisiológicos como la actividad eléctrica de los músculos (EMG) y la temperatura de la piel podían estar relacionados con síntomas específicos en los dolores músculo-esqueléticos, como el dolor lumbar y el témporomandibular y los dolores de cabeza tensionales y vasculares (migraña y síndrome de Raynaud).
La esencia de la RAB, radica en el intento de medir los parámetros fisiológicos subyacentes que pueden estar causando o manteniendo el dolor y presentar estos datos al paciente en tiempo real, para facilitar la modulación de estos parámetros percibidos por él en su propio cuerpo. Estos parámetros pueden incluir entre otros: la tensión muscular excesiva, el flujo sanguíneo restringido o la respiración inadecuada. En contraste con la hipnosis, que generalmente es usada para alterar la percepción de la intensidad global del dolor, la RAB es principalmente utilizada para alterar blancos psicológicos específicos identificados como participantes en la difusión y en los síntomas del dolor. Esto hace que la RAB sea una disciplina central en la psicofisiología aplicada que requiere una compresión amplia de la interrelación entre la mente y el cuerpo y el uso de esta comprensión para corregir problemas clínicos.
En México, durante los últimos 15 años, se han empleado diversos equipos para la medición de respuestas anteriormente consideradas autónomas, es decir, que quedaban fuera del control voluntario. Dichos instrumentos permiten al paciente monitorear la temperatura periférica de la piel, que está relacionada con los niveles de flujo sanguíneo, constricción o dilatación de los vasos sanguíneos, también se ha empleado la electromiografía de superficie para medir la tensión de algunos músculos relacionados con la respiración y finalmente se ha evaluado la función pulmonar para conocer el porcentaje de aire inspirado y espirado por el paciente. Estas mediciones se combinan con el empleo de técnicas cognitivo-conductuales de relajación y revelación emocional, como la relajación progresiva, constituida por una serie de actividades musculares designadas para enseñarle al paciente a distinguir grados de relajación y tensión muscular y a reducir esta última.
Aunque la analgesia hipnótica y la RAB se aplican en cefaleas, tanto en la migraña como en la cefalea de tipo tensional que son investigadas y tratadas ampliamente con RAB, hay evidencia de su efectividad en otras áreas de aplicación que incluyen la lumbalgia, la fibromialgia y el síndrome de Raynaud, los síndromes témporomandibulares, síndrome doloroso regional tipo I y II, dolor del miembro fantasma y otros síndromes músculo esqueléticos y vasculares. Las modalidades de RAB utilizadas y reportada incluyen la electromiografía de superficie, la respuesta de temperatura periférica, la respuesta electrodérmica, la respuesta galvánica de la piel y más recientemente la variabilidad de la tasa cardíaca.
La pregunta de si la RAB puede considerarse empíricamente validada para su uso en cualquiera de estas enfermedades está siendo fortalecida con diferentes publicaciones en revistas médicas especializadas (ver referencias). La razón principal de esto es que la RAB rara vez es utilizada sin la combinación de otras estrategias que pueden incluir la imaginería, la instrucción en respiración, diferentes técnicas de relajación o incluso la hipnosis y no hay todavía suficientes estudios de amplia escala que incluyan el tratamiento con RAB del dolor que sean lo suficientemente rigurosos para dejar establecidos sus niveles de eficacia para diferentes problemas de dolor.
¿Cómo y cuándo sumar la retroalimentación biológica?
Afortunadamente algunos de los pacientes que rechazan la hipnosis por su imagen mágica, son muy buenos candidatos para la RAB por su faceta más directa, precisa y confiable.
Las evaluaciones psicológicas que se han centrado tradicionalmente en los factores subjetivos (cognoscitivos, intelectuales y emocionales) pueden beneficiarse ampliamente incorporando la ejecución de mediciones y monitoreos psicofisiológicos. Monitorear la activación del Sistema Nervioso Autónomo (SNA), tanto en reposo como cuando responde a desafíos, ha contribuido al incremento del conocimiento sobre los mecanismos etiológicos de las diferencias individuales en el proceso de salud enfermedad y constituye un valioso recurso para evaluar y mejorar los tratamientos (18)
La hipnosis y la RAB son dos procedimientos que los profesionales en salud que trabajan con pacientes con DC deben conocer, dominar y utilizar. El dolor, sin embargo involucra una interacción compleja de componentes físicos y psicosociales que requieren una competencia técnica y científica elevada. La relación del especialista y el paciente, la interacción con diferentes especialistas en salud, la interacción de intervenciones químicas y psicosociales y muchos otros factores requieren de una experiencia clínica amplia y de la comprensión de estos fenómenos y de sus fundamentos. La meta primaria en el manejo del dolor es que los especialistas capaciten a los pacientes en la autorregulación emocional y en estos casos la hipnosis y la retroalimentación biológica constituyen recursos muy útiles.
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